Entre el Software y el Hardware: ser mujer por estos días.


El software es el conjunto de programas, aplicaciones y datos que hacen funcionar una computadora o un dispositivo electrónico. Es todo aquello intangible que no se puede tocar físicamente, pero sí visualizar y utilizar en pantalla: Windows, macOS, Android, Word, Excel y Photoshop son algunos ejemplos. Por su parte, el hardware es la parte física de un PC; todo lo que se puede ver y tocar, como el monitor, el teclado, el ratón o los componentes internos.
Ahora bien, imaginemos que una mujer es como una computadora completa, su hardware sería su cuerpo físico, es decir, ojos, manos, cerebro, corazón, útero, piernas, todo lo que puede observarse y palparse. En cambio, su software estaría constituido por su personalidad, ideas, pensamientos, sentimientos y conocimientos; todo aquello impalpable que le da sentido, dirección y capacidad para actuar y relacionarse.
Esta analogía permite establecer dos dimensiones fundamentales para comprender la identidad femenina: lo biológico y lo cultural. Lo biológico comprende lo que proviene de la naturaleza como el cuerpo, los genes, el sistema nervioso, las hormonas; mientras que lo cultural se construye a partir de lo aprendido y asimilado en el entorno, como lengua, valores, creencias, tradiciones, normas sociales y educación.
Desde una perspectiva biológica, los cromosomas sexuales determinan ciertas características corporales: el par XX se asocia con la mujer y el XY con el hombre. No obstante, el concepto de género trasciende lo biológico, ya que se refiere a las construcciones sociales y culturales sobre lo que significa ser hombre, mujer u otra identidad de género en una sociedad determinada. El género se aprende, se construye y puede transformarse a través de las experiencias, la cultura y las épocas.
Quienes suelen rechazar esta concepción social del género pertenecen, en general, a sectores conservadores, tradicionalistas o religiosos, quienes defienden que el sexo biológico determina de forma automática el género y sus roles. Esta postura, conocida como ideología antigénero, considera confusa o peligrosa la idea de que las personas puedan identificarse con géneros distintos a los asignados al nacer.
En contraste, los movimientos progresistas y feministas contemporáneos sostienen que el género es una construcción social diversa, variable y legítima. Defienden el derecho de las personas a identificarse y vivir conforme a la identidad que sienten propia, sin discriminación. Reconocen, además, la existencia de identidades no binarias, transgénero y de género fluido, cuestionando los roles tradicionales que históricamente han limitado la libertad de hombres y mujeres.
Cuando una persona nacida con sexo masculino se identifica y vive como mujer, su identidad de género es femenina, aunque su cuerpo al nacer haya sido clasificado como masculino. Esto, en muchos países, es legalmente posible, de modo que las personas trans pueden cambiar su nombre y género en documentos oficiales, siendo reconocidas según su identidad de género, independientemente de su sexo biológico.
Este enfoque es respaldado por organismos como la ONU, la Organización Mundial de la Salud y numerosas instituciones de derechos humanos. Sin embargo, el panorama global es desigual. En Hungría (2025), se aprobó una reforma constitucional que define el género exclusivamente como masculino o femenino y prohíbe eventos LGBTQ+ públicos. En Rusia (2023), se prohíbe el cambio legal o médico de sexo y el reconocimiento de personas trans en documentos oficiales. Por su parte, Reino Unido, sin prohibir la identidad de género, restringió desde 2024 el uso de bloqueadores de pubertad para menores de edad.
En el caso colombiano, el Decreto 762 de 2018 reconoce a las personas LGBTI trans dentro de las políticas públicas, garantizando su derecho a la salud sin discriminación. Asimismo, sentencias de la Corte Constitucional (T-218/2022, T-376/2019 y T-508/2024) establecen que, si una junta médica determina que procedimientos como tratamientos hormonales o cirugías son necesarios para la salud física o mental de una persona trans, las EPS están obligadas a financiarlos. Aun así, persisten obstáculos burocráticos, demoras y carencia de
especialistas capacitados en atención a población trans.
En definitiva, hablar de lo que significa ser mujer hoy es un asunto complejo, atravesado por dimensiones biológicas, culturales, políticas y sociales que varían según cada contexto. Como expresó Simone de Beauvoir: "No se nace mujer, se llega a serlo". La discusión en torno al sexo, el género y la identidad de género genera posiciones diversas y debates intensos. No obstante, por encima de las diferencias debe prevalecer el respeto hacia la identidad y vivencia de cada persona. Si alguien se reconoce y se vive como mujer, su experiencia y su derecho a ser nombrada y reconocida de ese modo merecen ser protegidos y valorados. Porque, al final, lo humano trasciende cualquier etiqueta, norma o definición inicial.