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Mayo, un mes especial

"El presente artículo, escrito desde el sentir personal de un educador, busca rendir tributo a esos dos pilares de la sociedad colombiana: los maestros, sembradores del conocimiento, y las madres, arquitectas del universo humano. A lo largo de estas líneas, se defiende la presencia insustituible del docente frente a los embates de la tecnología, las redes sociales, la inteligencia artificial, y se exalta, con gratitud infinita, la grandeza de la mujer que, desde el hogar, los lugares de trabajo, el aula, siembra, reconciliacion, esperanza y futuro".

Transcurrido el quinto mes del 2026, permanece intacto el eco de las celebraciones; para María de las alturas, alabanzas eternas todos los días; para los maestros del saber, cada 15 de mayo, gratitud infinita; y para la luz que da origen a la existencia, nuestras queridas Madres, veneración permanente como arquitectas del universo humano; en lo que respecta al Magisterio Colombiano y desde mi sentimiento personal, mis más sinceras felicitaciones a todos los colegas que abrazan la sublime misión de enseñar.

Bendito sea el cielo que sembró en el gremio de los educadores la noble y gigantesca vocación de multiplicar conocimientos, aun en medio de incontables sinsabores, indiferencias oficiales y peligrosas embestidas de los tiempos modernos que, bajo el ropaje de la cibernética y los avances tecnológicos, promocionan innovaciones digitales, inteligencias artificiales y nuevas formas de comunicación que pretenden desplazar la presencia invaluable del maestro, ese apóstol del conocimiento, guía permanente, orientador en el aula y apoyo insustituible en los momentos decisivos de la formación humana y pedagógica.

Reitero, frente a tantos inconformes y desagradecidos del acompañamiento diario que realizan los ministros de la enseñanza, no sé cuándo, tal vez jamás, contando siempre con la bendición de mi Señor Rector de rectores y de San Juan Bautista de La Salle, podrán arrancarnos del corazón de los educandos ni de los sagrados espacios destinados a la formación académica y comportamental, porque el maestro seguirá siendo presencia, palabra y ejemplo en medio de cualquier época.

Eterna gratitud a los forjadores que construyen país, levantan sociedad y proyectan nuevos hombres y mujeres para el mañana, esos incansables exploradores que sostienen vivo el universo humano con la fuerza silenciosa de la enseñanza y el compromiso de formar generaciones.

Indudablemente surgirán nuevas vanguardias científicas, laboratorios empeñados en descifrar las entrañas del cosmos, propuestas que irán más allá de lo imaginable y tecnologías capaces de transformar la vida cotidiana, pero jamás podrán extinguir el diálogo humano, el encuentro entre maestro y discípulo, la palabra compartida entre quien enseña y quien aprende, porque allí permanece el verdadero sentido de la educación y la esencia inmortal de quienes han sido homenajeados en esta fecha como imprescindibles misioneros de la convivencia y la esperanza.

Adelante, preceptores de la ciencia, mensajeros del amor, artífices de ese niño, adolescente y joven que soñamos formar; seres humanos con valores, apartados del egoísmo mezquino y de las oscuras ambiciones del mercadeo que pretenden gobernar la voluntad de servicio; hombres y mujeres capaces de pensar en lo colectivo antes que en lo individual, distantes de esperar recompensas diferentes a la satisfacción de contribuir a las utopías de una sociedad mejor, a la cultura del abrazo, a la fraternidad y a la hermosa misión de dibujar sonrisas eternas en el rostro de la humanidad.

Entonces, desde esta prodigiosa máquina que fabrica sentimientos y desde la nobleza que acompaña a los agradecidos, cada 15 de mayo y mientras exista un hálito de esperanza sobre la tierra, una vez más mis felicitaciones a los MAESTROS DE LA VIDA, recordando siempre que: Los educadores envejecemos a la sombra de los jóvenes, sembrando palabras de conocimiento que con el tiempo se convierten en semillas de futuro.

De igual manera, para las madres de Colombia en su día, especialmente para las Madrecitas maestras, todo reconocimiento resulta insuficiente frente a la inmensidad de lo que representan, porque todo lo merecen, incluyendo el amor que por naturaleza les pertenece como progenitoras indiscutibles de la existencia humana, contando siempre con la venia del Divino Maestro.

Gratitud infinita a María, Mujer, Madre y Maestra, y también a las mamacitas desprendidas de la gloria celestial para llenar la tierra de vida, ternura y cariño, mujeres que con admirable desprendimiento alivian los sufrimientos del hombre y transforman la existencia con la fuerza de su amor; por ello, hoy y siempre, mientras dure nuestro tránsito por el planeta, nos inclinamos ante ustedes para renovarles el afecto, el respeto y el compromiso de reconocer eternamente su grandeza como germen creador de alegrías, de esperanzas y de esa sonrisa que nos hace sentir dueños del universo.

Nacen privilegios para muchas beldades de carne y hueso en este mundo, pero entre todas las virtudes humanas no existe mayor grandeza que rendir tributo al profundo misterio que habita en el corazón de una madre, esa diosa silenciosa del cosmos que trabaja con la fuerza de un titán y el desinterés de una santa, porque nadie compite con la abnegación de sus sentimientos ni con la entrega absoluta hacia el bienestar de su estirpe.

Entonces, en un domingo de mayo y desde el amanecer hasta el último instante de la noche, que todo sea exaltación para las Madres; para ellas abrazos, besos, flores, tortas, regalos y cuanto satisfaga sus anheladas complacencias, permitiéndoles vivir plenamente sus querendonas pasiones y disfrutar el inmenso amor que merecen.

¡FELICITACIONES!