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El 15 de Mayo una deuda de gratitud

El 15 de mayo se celebró el día del maestro como homenaje a estos servidores, quienes, con paciencia, vocación y entrega, siembran conocimiento y despiertan el amor por aprender. Gracias por su esfuerzo incansable, por creer en cada estudiante y por dejar una huella que perdurará toda la vida. Son los maestros con sus defectos y virtudes, no solo artífices de la construcción del conocimiento, sino también de los sueños. Con cada lección, con cada palabra de aliento, con las historias y anécdotas narradas, inspiran, guían y acompañan a sus estudiantes en el intrincado camino de descubrir y construir el conocimiento. Los docentes, así se profetice que serán reemplazados por inteligencia artificial, son imprescindibles en un mundo atravesado por las frías y complejas redes tecnológicas, ellos deben estar ahí, siempre expresando afectos, saberes y sentimientos, acompañando a los jóvenes quienes aspiran a superar la crisis existencial de una sociedad ahogada en el materialismo y consumismo.

Por lo anterior, su liderazgo de instructor y formador no tiene competencia; jamás lo reemplazarán los laboratorios de la virtualidad, ni las máquinas ultramodernas que solo reciben órdenes para generar resultados de estadísticas y probabilidades para acumular riqueza y expandir inequidades globales, pero nunca podrán moldear de humanidad los espíritus de los jóvenes, labor encomendada a la nobleza de los docentes.

Honor a educadores que divierten con sus sueños, enseñanzas e historias y encantan en las tardes pintando mediante cada discurso y conversación el fuego de los arreboles; salud en sus almas, pedagogos de infinita ternura y el mayor aliento de triunfadores en la plataforma de su espíritu, para que algún día, no muy lejano, podamos alcanzar la altura de sus anheladas utopías: buscar un cambio en el hombre de estos tiempos, reconstruyendo al ser humano que todos soñamos, un apasionado de la sonrisa fresca que sea sombra y como un ángel nos guarde y nos proteja con el mejor de los afectos. En la síntesis, quien celebra hoy es el apóstol de los estudiantes, un eterno enamorado de la vida.

Así, vuelve la fiesta de mayo 15 y el universo humano, al menos los agradecidos de este país, aquellos que nos dieron la oportunidad de educarlos frente al pizarrón y los abecedarios, en esta fecha se despachan con felicitaciones y en un acto de filantropía nos recuerdan con cariño, acudiendo a la cultura de las complacencias.

En los diarios habrá quienes valoran nuestro ejercicio misional, obviamente siempre que atendamos esta vocación desde la pasión por la enseñanza; y es que, en los actuales momentos, ahora sobresaturados de las innovaciones tecnológicas, más que a nadie nos necesitan indiscutiblemente, en estos instantes de tanto desorden colectivo y especialmente los adolescentes que viven desorientados y en ocasiones sin proyección de futuro, ese futuro que nunca se espera, simplemente fluye.

Entonces, sin más paliativos ni exagerada exaltación, no deseo endiosar a los verdaderos maestros que acompañan en su diario devenir a los niños y adolescentes en un modelo de vida sin sentido por la perdida de valores inalienables, como el sacrificio, el trabajo, la honradez, solidaridad, defensa por los derechos humanos y de la naturaleza. Dudosa adulación la misma que a la mañana siguiente termina relegada allá en los rincones del olvido; por lo anterior, para todos, a ganarnos el reconocimiento permanente, practicando la pedagogía del amor, con el compromiso de hacer mejor lo que estamos haciendo bien, buscando con denuedo el cambio de una nueva sociedad con justicia y equidad, ajena a los intereses ideológicos, caminando unidos hacia el humanismo, la ciencia y la tecnología.

Ah, y jamás olviden que los MAESTROS vamos envejeciendo a la altura de los jóvenes, sembrando palabras de conocimientos, que más tarde se traducen en semillas de un porvenir y esperanza. De igual manera, dentro del deber de la autocrítica que diariamente deberíamos practicar, vaya una invitación respetuosa a los colegas que aún no se han involucrado en el cumplimiento de las obligaciones propias de los funcionarios públicos que legalmente exige esta difícil y trascendental profesión. Sin educación no habrá trasformaciones sociales, sin docentes comprometidos por el cambio, no lograremos construir una sociedad en paz, con equidad social y defensora de la naturaleza.