No existen cerebros iguales, diversidad en el aula de clase.


La neurodiversidad nos recuerda que no todos los estudiantes aprenden con el mismo cerebro. Conocer cómo aprende cada estudiante permite a los docentes enseñar con mayor inclusión, equidad y eficacia.
Cada día, en miles de aulas, un docente se enfrenta a una realidad que la formación tradicional rara vez le enseñó a abordar, y sí, estimados profes, no existen cerebros iguales. En 1998 Judy Singer, socióloga, persona autista y activista, creó y popularizó el término de "neurodiversidad". Concepto que define la diversidad del funcionamiento neurocognitivo.
"Entre las personas neurodivergentes se incluyen aquellas con los siguientes diagnósticos: Dislexia (dificultad para leer), Discalculia (dificultad para el cálculo), Dispraxia (dificultad en la motricidad), Disgrafía (dificultad para escribir), Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Trastorno Afectivo Bipolar (TAB), Epilepsia, Tourette, Esquizofrenia, Trastorno de Identidad Disociativo (TID) y Altas Capacidades (ACC)." (García Betoño & Sille, 2022)
Queridos profes, gracias al modelo de educación inclusiva se garantiza el derecho a una educación de calidad para todos, sin discriminación alguna, garantizando la adaptación del sistema educativo a las necesidades de cada estudiante, eliminando barreras físicas, sociales y pedagógicas. Es así, como la inclusión no es solo considerada un objetivo pedagógico, también, es un compromiso ético que promueve el respeto por cada individuo y su potencial único.
Desde la neuropsicología clínica, se apuesta a un cambio conceptual: la neurodivergencia no es un déficit que requiera ser corregido, sino una variación en la arquitectura y funcionamiento cerebral que viene acompañado de desafíos, pero también de grandes fortalezas.
El estudiante con TDAH no se distrae porque quiere, la realidad es que sus funciones ejecutivas, su atención sostenida, la inhibición de impulsos, planificación y su memoria de trabajo maduran de una forma diferente, por lo tanto, exigirle autorregulación sin apoyos es como si a muchos de nosotros que presentamos dificultad en la visión nos solicitaran leer sin lentes.
Aquellos estudiantes con TEA no es que resulten ser groseros cuando evitan el contacto visual, no captan un sarcasmo o sencillamente no saludan al llegar, el cerebro de estos estudiantes procesa la información social y sensorial por rutas distintas, por lo tanto, un aula ruidosa puede resultar ser un disparador o una experiencia verdaderamente dolorosa.
Por otro lado, el estudiante que presenta un trastorno específico del aprendizaje no es descuidado, perezoso o poco dedicado, y el estudiante con un diagnóstico de Epilepsia no se encuentra exagerando o fingiendo su fatiga posterior a una crisis o por efecto a la medicación.
El corazón de la educación inclusiva parte de la convicción de que todos los estudiantes, independientemente de sus particularidades, tienen el derecho a aprender juntos en ambientes que promuevan su máximo desarrollo a nivel personal, social y académico. Esto implica adaptaciones curriculares y en metodologías de enseñanza, pero también un cambio en las actitudes y percepción hacia la diversidad. Ustedes como educadores desempeñan un papel crucial en este proceso, puesto que son los facilitadores directos del aprendizaje inclusivo. (Gómez Chilan et al., 2024) Comprender esto transforma la mirada docente y la gran noticia es que la mayoría de los ajustes que se requieren no exigen presupuestos inalcanzables, sino intencionalidad pedagógica, personal dispuesto y motivado a promover en sus aulas de clase un ambiente respetuoso, empático, colaborativo y emocionalmente estable.
A continuación, se presenta los perfiles con mayor frecuencia encontrados en un aula de clase y se facilita unos pequeños ajustes que generan alto impacto en el proceso de enseñanza aprendizaje.
TDAH: Impartir instrucciones breves, claras y segmentadas, verificando su comprensión; establecer pausas activas y tiempos de descanso cuando sea necesario; favorecer una ubicación cercana al docente y con mínimos distractores; utilizar recordatorios y apoyos visuales; organizar las actividades en pasos concretos y proporcionar retroalimentación y refuerzo positivo oportuno sobre el esfuerzo y los logros alcanzados.
TEA: Implementar rutinas estructuradas y agendas visuales; anticipar con suficiente tiempo los cambios en las actividades, espacios o dinámicas; emplear un lenguaje claro, literal, explícito y concreto; brindar instrucciones secuenciadas y verificar su comprensión; disponer, cuando sea necesario, de espacios con baja estimulación sensorial y permitir estrategias de autorregulación.
Trastornos específicos del aprendizaje: Conceder tiempo adicional para la realización de actividades y evaluaciones; presentar las instrucciones de manera clara, segmentada y accesible; facilitar la lectura en voz alta de instrucciones cuando se requiera; utilizar apoyos visuales y tecnológicos; permitir diferentes formas de demostrar los aprendizajes y priorizar la evaluación de las competencias y conocimientos, evitando que las dificultades específicas interfieran innecesariamente en la valoración del desempeño.
Epilepsia: Conocer y aplicar el protocolo institucional de actuación ante una crisis epiléptica; capacitar al personal responsable sobre las medidas de atención y seguridad; proteger la integridad del estudiante durante la crisis, evitando acciones que puedan ponerlo en riesgo; facilitar un espacio tranquilo para su recuperación y reincorporación progresiva a las actividades; flexibilizar, cuando sea necesario, los tiempos y plazos académicos; y promover acciones de sensibilización y prevención del estigma y la discriminación.
Otras neurodivergencias: Implementar múltiples vías y estrategias de evaluación, de acuerdo con las necesidades y fortalezas individuales; ofrecer alternativas para demostrar los aprendizajes mediante formatos orales, escritos, gráficos, visuales o prácticos; incorporar apoyos tecnológicos y estrategias multisensoriales; flexibilizar las metodologías y los tiempos cuando sea necesario; y promover entornos de aprendizaje accesibles que favorezcan la participación, la autonomía y el desarrollo integral del estudiante.
Un gran número de investigaciones han demostrado que lo que se diseña y organiza pensando en el estudiante neurodivergente termina beneficiando a todo el curso, puesto que, las instrucciones claras, las rutinas predecibles y las alternativas de evaluación resultan ser una buena pedagogía universal.
Finalmente, la inclusión educativa es una práctica que se construye todos los días, clase a clase. Para ello, el docente necesita saber que detrás de cada conducta se encuentra un cerebro haciendo lo mejor posible con los recursos que cuenta, y que un aula que comprende dicha premisa se logra convertir en un lugar donde la diferencia deja de ser un obstáculo y se convierte en identidad.
Bibliografía: Gómez Chilan, L. F., Chuquitarco Encalada, S. M., Yagual Viteri, M. Y., Chavesta Alava, M. V., & Parra Aguirre, M. F. (2024). Educación inclusiva y diversidad. CID - Centro de Investigación y Desarrollo. García Betoño, M. I., & Sille, I. E. (2022). Neurodivergencias [Magazine]. Ciencia Autista; Universidad Nacional de La Plata.