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Acompañar sin estigmatizar, pautas escolares ante el fenómeno "therian"

En los últimos meses ha ganado visibilidad entre algunos estudiantes el llamado fenómeno therian, concepto que se refiere a jóvenes que dicen sentirse simbólica o parcialmente identificados con un animal.

Para ciertos adolescentes, esta conexión tiene un matiz espiritual; para otros, funciona como un juego, una forma de socializar o una vía para integrarse a un grupo. Desde la psicología, estas expresiones se interpretan como parte de los procesos naturales de exploración y construcción de identidad propios de la adolescencia.

Del mismo modo que en décadas pasadas surgieron subculturas como los emo, punk o góticos con lenguajes y normas propias, el interés por lo therian puede entenderse como una manifestación juvenil contemporánea, amplificada por la dinámica de las redes sociales y los espacios digitales de interacción.

Un elemento central es la búsqueda de pertenencia. Los adolescentes exploran quiénes son, buscan modelos y espacios donde sentirse acompañados, y participar en grupos o encuentros con intereses comunes refuerza ese sentido de comunidad.

Es fundamental aclarar que, según la evidencia disponible, el fenómeno therian no está considerado un trastorno mental , ni tiene relación con identidades de género o procesos de transición. Son dimensiones completamente distintas y no deben confundirse ni generar estigmatización.

¿En qué momento podría considerarse una señal de alerta en salud mental?
La diferencia clave está en la capacidad del adolescente para distinguir entre fantasía y realidad. Si comprende que se trata de un juego de rol, una expresión simbólica o una forma estética de identificarse con un animal, no hay indicios de patología.

Sin embargo, si la persona comienza a actuar convencida de que realmente es un animal, por ejemplo, si deja de comunicarse verbalmente, adopta conductas agresivas o presenta dificultades para desenvolverse en lo social o académico podría tratarse de una situación que requiera atención clínica. En esos casos, es importante recurrir a profesionales de la salud mental para una valoración adecuada.

¿Cómo pueden actuar los docentes y directivos?
Cuando en la institución aparece un estudiante que se identifica como therian, es fundamental que el acompañamiento docente sea claro y estructurado, evitando cualquier tipo de burla o exclusión y garantizando un ambiente escolar ordenado y respetuoso. Para ello, se sugieren las siguientes orientaciones:

1. Revisar y fortalecer las normas internas
La dirección debe asegurarse de que el reglamento escolar sea claro, se centre en conductas observables y no en identidades. Normas bien definidas permiten intervenciones coherentes y protegen a la institución frente a interpretaciones arbitrarias.

2. Unificar criterios entre el personal
Es esencial que todo el equipo actúe bajo los mismos lineamientos: no debatir la identidad del estudiante en clase, prevenir la estigmatización, intervenir solo ante comportamientos concretos y registrar hechos de manera objetiva. La coherencia institucional reduce reacciones impulsivas o inconsistentes.

3. Gestionar el clima escolar
Si ciertos comportamientos del estudiante interrumpen el desarrollo de la clase, la intervención debe centrarse en regular esas conductas, no en cuestionar identidades. Las reglas deben aplicarse de la misma manera a todo el grupo, con medidas graduales cuando la afectación al aprendizaje sea reiterada.

4. Comunicar de forma estratégica
El diálogo con los cuidadores debe enfocarse en el bienestar del estudiante y en su proceso educativo. Con el resto de familias, la institución debe reafirmar tres principios: respeto a todos los alumnos, regulación de conductas que alteren el orden y aplicación uniforme de las normas.

5. Registrar cada intervención
Toda actuación como entrevistas, acuerdos, reportes o medidas tomadas debe quedar documentada. Una trazabilidad clara es clave para manejos posteriores y para la transparencia institucional.

6. Buscar apoyo profesional cuando sea necesario
Si la situación requiere una comprensión más profunda, se debe activar el acompañamiento de orientación escolar o profesionales afines. Esto no implica patologizar, sino brindar apoyo adecuado.

7. Evitar la exposición innecesaria del caso
La atención a situaciones individuales debe manejarse con discreción. Exponer el caso ante todo el colegio, emitir comunicados amplios o convertirlo en un debate público puede escalar tensiones. El manejo adecuado es reservado y focalizado, protegiendo la intimidad del estudiante y la estabilidad del entorno escolar.

8. Promover una cultura de respeto en el aula
Además de intervenir ante burlas o acoso, es importante reforzar mensajes generales sobre convivencia, diversidad de expresiones juveniles y respeto mutuo. Esto prepara al grupo para manejar situaciones similares sin caer en estigmatización o conflicto.

9. Garantizar coherencia en la aplicación de las normas
Las reglas deben aplicarse con el mismo criterio para todos los estudiantes, sin excepciones ni sanciones diferenciadas por la identidad o preferencia personal de cada uno. La consistencia fortalece la confianza de la comunidad educativa en la gestión directiva.

10. Brindar espacios de reflexión y formación interna
La institución puede aprovechar estos casos para fortalecer sus capacidades pedagógicas y de convivencia, ofreciendo a los docentes espacios de actualización sobre adolescencia, dinámicas juveniles y manejo de situaciones emergentes. La formación continua favorece intervenciones más seguras, informadas y alineadas con el proyecto educativo.

En síntesis, el reto no radica en la etiqueta therian, sino en la capacidad de la institución para aplicar normas claras, proteger la convivencia y acompañar a cada estudiante sin prejuicios. Una intervención equilibrada, coherente y basada en el reglamento permite mantener un ambiente educativo seguro y funcional para toda la comunidad.