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Inteligencia artificial, evolución tecnológica que amenaza el pensamiento humano.

Hoy nos encontramos con la realidad compartida con la Inteligencia Artificial, si bien la usamos para nuestra cotidianidad a todo nivel, fue a mediados de la década de los años 40 cuando Warren McCulloch y Walter Pitts crearon el primer modelo matemático de neuronas artificiales, su evolución se volvió vertiginosa solo hasta el año 2022, con el lanzamiento de ChatGPT.

Fue el año 2009 con el lanzamiento de WhatsApp donde la comunicación empezó a dar un giro importante, a partir de ahí se volvió involuntariamente necesario comunicarnos por plataformas de mensajería instantánea, al principio esa novedosa e ingeniosa creación nos pareció tan extraña como intrigante en la medida que nos facilitaba la vida. A partir de ese momento la industria tecnológica fue incrementando la capacidad de estas plataformas a tal punto que nos volvimos autómatas, dependientes y necesitados de revisar constantemente toda la información que llega a nuestros teléfonos pues lo primero que muchos hacemos al despertar es revisar "mensajería", antes que disponernos mentalmente para un nuevo día.

Como lo mencioné en la introducción de este artículo, en el año 2022, con el lanzamiento de ChatGPT, una plataforma que se masificó gratuitamente en todo el mundo, y haciendo una analogía con la carrera armamentista de la Guerra Fría de los años setenta, las empresas tecnológicas empezaron a generar cada vez más plataformas de Inteligencia Artificial, con un crecimiento desmedido y descontrolado.

En estos días hemos escuchado aterradores testimonios de personas que hacen parte de esta industria como lo es Dario Amodei, CEO de Anthropic (empresa creadora de la IA Claude) quien publicó en septiembre en su sitio web una preocupante realidad: "Debemos reducir el ritmo al que mejoramos las capacidades de los modelos de IA. El progreso seguirá siendo rápido, y debemos hacer un uso sabio del tiempo que ganemos"; esta afirmación se complementa con una conclusión que ha generado múltiples interpretaciones en el uso indebido de la IA que puede causar ciberataques, bioterrorismo y graves perturbaciones económicas. Para complementar estas declaraciones, el investigador Jacob Coxon publicó en su cuenta de X lo siguiente: "De hecho, muchos ejecutivos e investigadores sénior matizan sus declaraciones ante la prensa para parecer sensatos, pero escucho a esas mismas personas expresar temor en privado. Ninguna otra actividad humana entraña tal nivel de peligro". Esto nos lleva a una reflexión como personas, como sociedad y como humanos, si bien la cotidianidad de la IA nos aumenta la productividad, nos ayuda a abrir el espectro del conocimiento, nos facilita tareas, aspectos positivos que a nivel macro pueden ser para los investigadores y los desarrolladores un avance significativo para la humanidad, sobre todo en campos como la medicina y el estudio del ser humano y su funcionamiento. Sin embargo, ese mismo avance tiene, en muchas personas, la posibilidad de generar caos, destrucción y guerra sobre todo con competidores estratégicos por el control comercial del mundo como son China y Estados Unidos, para ilustrar esta afirmación el pasado 18 de septiembre, un fallo en un chatbot de IA del ejército estadounidense, que generó un informe de inteligencia, alertó sobre una embarcación china en Medio Oriente que supuestamente transportaba componentes para un programa de armas nucleares, algo que resultó falso y perfectamente pudo desencadenar una guerra entre los dos gigantes.

Este es el dilema que plantea en este momento la tecnología. Como sociedad, como personas, como padres y madres de familia debemos tener la responsabilidad con la humanidad de volver a ser productores intelectuales, de retomar y generar en las nuevas generaciones la lectura tradicional, que los pequeños espacios de generación de diálogo como lo son nuestros propios hogares, nuestros comedores o las visitas a los abuelos en el campo donde la desconexión de la tecnología nos devuelve años atrás, en este momento con la Inteligencia Artificial nos convertimos en unos minutos en médicos expertos, en los abogados más laureados y en los intelectuales más reconocidos y perdemos nuestra propia esencia y dejamos de ser nosotros mismos para ser víctimas del lado negativo de la tecnología. Con este artículo pretendo generar criterio en las personas, si delegamos nuestra capacidad intelectual en las plataformas, nuestra mente empezará a producir menos y como un músculo atrofiado dejará de cumplir su función en nosotros. La realidad va cambiando, pero está en el ser humano conservar su esencia.