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Educación y Pedagogía: El deber de resistir.

Es absolutamente satisfactorio que el Periódico Maestro Legal, llegue a su edición No. 100, contribuyendo con la información-comunicación de orden jurídico y ahora también con reflexiones pedagógicas, desde la Sección Educación y Pedagogía: el deber de resistir, Con el objetivo de mantener al orden del día a las y los maestros de Colombia en temas fundamentales de la Educación Pública, la pedagogía y los derechos del magisterio. Felicitaciones al Director, Dr. José Eduardo Ortiz Vela y a su equipo de trabajo que han hecho posible mantener la continuidad de este magno proyecto de comunicación de circulación nacional.

Precisamente, para aportar a la información, al debate en educación y pedagogía y para generar propuestas alternativas, invito a maestras y maestros del país, interesados en publicar en la sección "educación y Pedagogía: el deber de resistir" del periódico MAESTROLegal, comunicarse al correo electrónico armandoceid@gmail.com ó al Celular: 3165285871.

La interpelación: Territorialidad - Subjetividad Puntualizar los actos de interpelación sobre el lugar de despliegue del conocimiento local-regional, el contexto y su descripción densa. Un término que no deja de producir salivaciones, flujos de palabras, tormentas, rayos y centellas. Algunos imaginando que el contexto es lo que está al frente, lo que vemos cuando miramos la arquitectura de la escuela, de la institución, o la plaza de mercado del municipio, o el terminal de transportes de la ciudad. El contexto como lo rural o lo urbano, y a veces el docente echa mano del Plan de Ordenamiento Territorial - POT, del municipio y lo coloca como contexto de su horizonte humano, valga solamente mirar algunas tesis de especialización, maestría e incluso doctorado.

La interpelación como territorialidad - subjetividad, nos inscribe en el orden simbólico de un territorio escolar, donde los actos de habla se convierten en plurales, voces diversas que tienen sus propios ritmos y tonos y su propia gestualidad. El contexto se manifiesta como el lugar de despliegue de la corporalidad, donde los sentidos se activan de acuerdo a una codificación y descodificación, a una semiología o siguiendo un régimen de signos que determinan o entrelazan lo que el sociólogo Pierre Bourdieu califica de hábitus.

La territorialidad señala el cómo de la vida sedentaria de una institución educativa, el cómo de la des-territorialización y la re-territorialización, el cómo de los cuerpos y sus comportamientos de acuerdo a la decodificación de un régimen de signos dentro de unas fronteras culturales. Los niños, las niñas y los adolescentes son sujetos en proceso, sujetos en devenir, articulando y re-articulando permanentemente el sentido de su lengua al interior de su propia lengua, siempre asumiendo lo polifónico, lo intercultural, siempre recreando el lenguaje como en el origen de la creación del universo.

Una educación o un aprendizaje sin contexto, funciona como una teoría flotante, etérea, como un flujo de palabras que se lleva el viento o sólo se registra en un cuaderno que al pasar el año lectivo se borra.

La educación presencial coloca a cada maestro en una territorialidad que se manifiesta como una cotidianidad que tiene que ver con el –conocimiento local- según el antropólogo, C. Geerzt. Podemos llegar como paracaidistas a un determinado sitio; sin embargo, entrenados para la caída y el re-conocimiento del terreno como soldado de un batallón a la vanguardia del combate, avanza por entre una geografía inhóspita, donde todos los sentidos tienen que estar en posición de alerta.

El maestro que llega a una Institución Educativa para el ejercicio de su condición docente, debe saber que no llega al cielo ni al paraíso terrenal, llega a un lugar donde las fuerzas humanas se distribuyen entre diferentes estilos de vida, donde la conflictividad está al orden del día.

Las territorialidades se tejen como espacios-tiempos de conflictividad y subjetividad, donde la diversidad y la diferencia cultural salta sobre los escritorios de los maestros y donde es necesario el trabajo cotidiano de re-conocimiento del otro, donde los humanos nos manifestamos cada uno con unas cualidades totalmente diversas y adversas, desiguales y donde sólo podemos convivir si tenemos en cuenta, el respeto, la tolerancia, la justicia, la amistad, la gratitud…

El ojo etnográfico de cada maestro tiene que amplificar su mirada, para percibir las invisibilidades culturales, las memorias subterráneas, donde sólo las narraciones al tejer un habla plural pueden dar cuenta de una realidad humana particular.

Los maestros no pueden llevar en su maleta académica modelos de visión-misión, modelos pedagógicos importados, modelos de percepción de un niño o adolescente abstracto; cada niño, niña y adolescente masculino o femenino arrastran con una historia de vida que tiene sus orígenes en la –lengua materna- en la lengua que culturalmente le precede y lo determina como ser hablante.

Muchos pensadores de la educación afirman que el buen maestro tiene algo de etnógrafo, de modo que la lectura de las escrituras corporales-culturales de los compañeros, de los estudiantes y de los padres, dan la pauta para el mejor acompañamiento como maestro de los niños y los adolescentes.

Como no todos los maestros tienen la misma formación ni la misma vocación por su quehacer docente, sólo una gestión administrativa-educativa del Rector como gestor de la institución puede convertir al conjunto de profesores en un –cuerpo docente-ajustado democráticamente a un horizonte humano-pedagógico para la marcha de la institución.

La territorialidad corresponde, desglosando la idea, a los actos de habla que surgen de los micro -relatos que constituyen el punto donde los sujeto hablantes se tejen y destejen como una identidad que los psicólogos clásicos llamaban personalidad. Razón por la cual los modelos de comportamiento fracasan cuando se aplican desde una falsa epistemología de la teoría y la práctica. Las personas como identidad psíquica somos y no somos, siempre estamos en devenir, sujetos a cambios de espacialidad y temporalidad, y los acompañamientos de los docentes con los estudiantes no pueden desconocer el terreno sísmico donde las escuelas formulan sus proyectos pedagógicos.